Poesía

La gran incógnita,
mi dolor de existencia,
respuesta inconclusa,
directriz y vela.

Dueña de mis noches,
reclusa en mi cabeza,
de blancura perpetua,
sensual y certera.

Incomprensibles matices
de miel y colmena,
hermosos recuerdos,
helada condena.

Curvas perfectas,
la noche incierta,
pasiones a medias,
despiadada y tierna.

Canción inolvidable
de melodía incompleta,
mañanas desiertas,
musa y arena.

Radiante sirena,
vanidad y firmeza,
amada insaciable
de espuma y alteza.

Bella creadora
de mente incansable,
infinita tu risa:
barrera invadeable.

Tú, en mi imaginación,
perfecta.

Y yo, siempre,
esperándote.

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Contra ti

Contra ti
las corrientes ceden:
dueña de mi mente,
norte en mi imaginación.

Combatiremos las tempestades,
abatiremos al desamor.

Capitana de mi barca,
brújula en mi embarcación:
dirígeme a tu orilla
y anclaré en tu corazón.

Perdámonos mar adentro,
solos tú y yo.

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Regresa

Regresa.
¡No regreses!
Olvídate de mí.

Olvidarme a mí
estando yo contigo.

Intento salirme de ti.

Volver a vivir.


Vacío quedo y en el tiempo espero,
suspendido en tus besos,
esperándote a ti.

Vacío de mí y sin ti,
en esta espera perdida,
buscando asirme para no morir.

Asirme a algo/alguien para lograr,
de una vez por todas,
liberarme de ti.

Perderme de ti
cual tú lo has hecho:
sin recuerdos ni remordimientos.


Volver a vivir.

Intento salirte de mí.

Estando tú conmigo,
olvidarte a ti.

Olvídame de ti.
¡No regreses!
Regreso.

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Sangro las promesas rotas

Sangro las promesas rotas,
fluyen besos y momentos
que ya no regresarán.

Manan furiosas las gotas
y sólo así no reviento
de ya no tenerte más.

Lloro todos los recuerdos,
lágrimas de mar y sufrimiento:
ardientes, queman al pasar.

Ríos que brotan desde adentro
limpiando en su camino
el espejismo de tu amar.

Sudo tu reflejo en mi memoria,
expulso a mis demonios:
—ya no quiero recordar.

Un manantial que se desborda
llevando consigo domingos, candados,
y un regalo que jamás te pude dar.

 

Todo esto —lo intento—,
desterrarte de mí,
para ya no verte más.

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Doloroso placer el quererte y que no me quieras

Doloroso placer el quererte y que no me quieras,
el mirarte y no sentirte cerca.

Placentero dolor el de buscarte por las noches
sabiendo que jamás he de encontrarte.

Desconcertante pasión escribirte versos que nunca has de leer,
cartas que no has de recibir.

Apasionante desconcierto saber que te has dado por vencida
y en nuestro amor has dejado de creer.

Adictiva aflicción me causa tu recuerdo
el cual nunca dejaré de buscar.

Aflictiva adicción la de tus besos que jamás podré olvidar
y siempre he de añorar.

Obscura obsesión tengo por tu cuerpo
que no me deja de acechar.

Obsesionante obscuridad en la que me encuentro
de la cual no creo poder escapar.

Sincera inclinación tengo hacia tu seno,
refugio de todos mis sueños.

Inclinante sinceridad rige tus movimientos,
tu risa y tu amar.

Alegre casualidad en nuestras vidas fue el tenernos
y disfrutarnos a cada momento.

Casual alegría no encuentro si tenerte yo ya no puedo
y amarme ya no eres capaz.

Hiriente indiferencia sale de tu cuerpo
y lastima el pensamiento.

Indiferente herida has dejado en mi pecho
que siempre ha de sangrar.

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Llega un hombre a preguntarme

Llega un hombre a preguntarme:
—¿Sabe usted lo que duele la vida?

Tembloroso, le dije:
—Si usted la viera,
si tan solo la conociera,
lo entendería.

No sólo es bella,
es artista.
No sólo es buena,
es mi mejor amiga.
No sólo es carismática,
me ilumina.
No sólo es elegante,
fascina.
No sólo es inteligente,
me guía.
No sólo es grande,
es mi vida.

Pero quiere a otro hombre
y a mí ya me olvida.

Eso es lo que duele la vida.

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